jueves, 14 de febrero de 2013

Leyenda del Árbol del Amor







 Hoy, 14 de Febrero es San Valentín, a mí me gusta decir que es el Día del Amor y la Amistad; un día perfecto para hablar del Árbol del Amor, o Cercis Siliquastrum. Tengo una compañera bloguera que en su blog Flores y Árboles hizo una entrada estupenda sobre sus cuidados, época de plantación, poda.., si queréis saber todo sobre él no tenéis más que visitarlo.

 







Pero yo tenía curiosidad por saber el origen de su nombre, así que me puse a investigar; buscando un poco por aquí y un poco por allí ví que había varias leyendas sobre él, y de entre todas las que leí había una que me enamoró por su ternura , y es la que he decidido plasmar hoy aquí. Es un poco larga, yo la he resumido para no cansar, deseo que os guste tanto como a mí.




Oralia, una hermosa joven de familia noble y acomodada era una chica muy alegre y contagiaba a todos con sus risas. Juan, humilde pero risueño minero soñaba con encontrar una gran veta de plata para ofrecérsela a Oralia, de quien estaba enamorado, pero al ser tan pobre no podía aspirar a ella.


Cuando salía de trabajar en la mina se convertía en aguador, acompañado de su burro, al que recitaba sus versos de amor, siempre con la ilusión de poder contemplar a su amada Oralia y ofrecerle su agua.


La joven viendo el cariño y la amabilidad de Juan hacia ella comenzó a corresponderle. Pero Juan tenía un rival, Pierre, caballero francés al que la ocupación del ejército de
Bonaparte lo había traído al pueblo y solía frecuentar su casa. Éste, con el permiso de los padres de la joven la visitaba con la esperanza de conquistar a Oralia, de quien se había enamorado.


Ambos se sentaban a la sombra de un árbol que la chica regaba y cuidaba con mimo. Juan al verlos juntos sufría en silencio al no poder hacer nada por evitarlo, sólo trabajaba duro todo el día para conseguir su sueño.


La simpatía de Juan hacía que Oralia lo esperase para ayudarla a regar su árbol, notando éste el cariño que ambos sentían confundiendo el rumor de sus hojas con sus risas. La joven se sentaba debajo y lloraba al no saber por quién decidirse e imploraba ayuda para tomar la decisión acertada. De pronto, cayeron suavemente en su regazo unas lágrimas que el árbol, conmovido, le ofrecía. Al contacto con sus manos éstas se convirtieron en un bello ramo de flores blancas.


Oralia, feliz, vió claro que su verdadero amor era Juan, y al día siguiente cuando éste llegó como todos los días para regarlo junto a su amada ella le dió un impetuoso beso y entonces cayeron racimos de hermosas flores del árbol que así compartía la felicidad con ellos.


Desde entonces se considera buena suerte que los enamorados se refugien bajo sus ramas para que perdure su amor.








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